La poesía de

Laura Yasan

Libros publicados

safari

Antología
Ediciones Liliputenses

Prólogo de Eduardo Lucio Molina y Vedia

La cacería
“… el gesto tal vez más antiguo de la historia intelectual de la humanidad: el del cazador agazapado en el fango que escruta las huellas de la presa.”
Carlo Ginsburg: Señales. Raíces de un paradigma indiciario.
 
La poesía escogida por Laura Yasan para esta primera antología personal reúne lo mejor de su obra tras una expedición de caza mayor que cubre tres lustros y entró de lleno en su fase de madurez.
Safari literario cuyo resultado es esta amplia selección de valiosas piezas que transitan con soltura el campo minado de un heterodoxo lenguaje personal.
Lo hace recreando la riqueza de la lengua castellana y abrevando en las inflexiones del habla popular y culta de Buenos Aires, inmersa en dilemas personales, estéticos y metafísicos surgidos en contacto permanente con el aquí y ahora.
A fuer de realista su tácita denuncia, la descarnada visión del mundo que nos entrega en estos tiempos de desprecio, no flamea banderas de esperanza sino que pone puntos sobre las íes.
Escenas e historias que desfilan en sus páginas nos dicen implícitamente que pese a presuntos logros de nuestra civilización la criatura humana, más allá de verse o no forzada por condicionamientos sociales a los que se encuentra sometida, suele ser una fiera astuta y desleal con sus semejantes.
Chocan entonces y se entrelazan contradictorios avatares de lo que habitualmente se nombra como vida interior navegando a menudo circunstancias de lo cotidiano con atisbos e iluminaciones del más alto vuelo.
El desencanto de la obstinada pugna, lejos de desalentarla, parece alimentar y mover la persistencia de la búsqueda (incesante, tenaz, sin concesiones), que es en realidad la verdadera cacería de su poética: la de un elusivo sentido existencial.
Laura no ignora ni soslaya sino que trabaja con lo escabroso de la realidad, que constituye uno de sus rasgos expresivos.
Crudeza que se confronta bajo variadas manifestaciones de lo cotidiano: la falsedad de los símbolos, el doblez de las conductas, la hipocresía, lo rugoso, lo abrupto, lo resquebrajado, lo despreciable, la quiebra de las pasiones inconexas, desconcertadas, todo lo intempestivo, lo desapacible, lo inclemente.  
Intensos, a veces dramáticos viajes introspectivos, alegatos, monólogos y debates consigo misma, inmersa en las perplejidades contemporáneas y en la jungla de la megalópolis rioplatense, se nutren tanto del lenguaje conversacional como de un original juego metafórico y cierta frecuente materia anecdótica, así como de una peculiar riqueza de imágenes.
Todo el material temático y argumental se despliega dotado de un consistente cable a tierra que nos permite transitar por los episodios y las cavilaciones de la conciencia en contacto permanente con el contexto de lo real.
Apuntes costumbristas y una cierta metafísica de la cotidianeidad conviven de la mano de un lenguaje que parece surgir naturalmente de las personas y las cosas, de las circunstancias y lugares que las conforman. 
La poesía de Laura Yasan prescinde olímpicamente de toda desbordada sublimación y muestra desde sus inicios, como rasgo dominante de acusada identidad, junto al tratamiento frontal de callejones sin salida de la existencia, un manejo de alta calidad expresiva.
Late aquí la vivencia pasional de una temática vigente, donde sin falsos enrolamientos ocupa lugar notorio la intensa presencia, la fecunda autonomía  y la densa problemática de la mujer contemporánea.
Es un mensaje que nos involucra y cautiva fluyendo a través de un discurso poético atrapante, preñado en ocasiones de giros, términos y neologismos de estirpe popular, reveladores juegos de palabras, recursos sintácticos eficaces, sugestivos sesgos semánticos que despliegan la contundente elocuencia y riqueza del habla aluvional de los porteños.
Tal cual Astor Piazzola atinaba a definir al tango como “un género que tiene algo de torcido”, podría decirse que —al urdir temas, ritmos y modulaciones que parecen estar violando, mordiendo y desplazando los sentidos (en las variadas acepciones de este plural), llevándolos sensualmente y con cierta amorosa prepotencia más allá de sus límites, transgrediéndolos a veces en la inesperada prolongación de un compás—, Laura Yasan pone en escena de modo original el espíritu inconfundible de Buenos Aires.
Así, la fuerza de su melopea se plasma en lo genuino de un estilo que impone tonos y contenidos propios de su experiencia personal a episodios y cuadros de nuestro tiempo, generando a la vez un ámbito peculiar de lenguaje cuya sustancia parece surgir con desenvoltura de la historia de la ciudad, del crisol migratorio de la gran metrópoli del sur.
El personaje autoral Laura Yasan está constantemente presente en primera persona, con claros rasgos de carácter y un natural desarrollo a través del tiempo, al correr de los años y de las páginas de este volumen, bajo distintas inflexiones en el transcurso de su despliegue.
Elementos del inconsciente y alusiones de perfiles psicoanalíticos (motivos ya clásicos de la cultura argentina) iluminan ángulos de la vida insospechados y uno que otro “punto muerto de las almas”, como rezara la imagen discepoliana. 
Habitan con desenfado esta poesía tanto reflexiones entrelazadas con pertinentes y eficaces lugares comunes como frases del habla conversacional, a través de una andadura fluida, directa y profunda
Se abren en abanico motivos o asuntos que nos introducen en dilemas a menudo abismales e irresolubles, soslayando toda clase de intelectualismos o alusiones librescas.
Laura Yasan abre así atajos en busca de verdades de carácter sustantivo, capaces de poner en evidencia y desbrozar tanto el absurdo liso y llano como la maleza de la “cultura”.
Enraizada en la certidumbre de que “de carne somos”, parece hacerlo impulsada  por la insaciable voracidad del deseo, que insiste, y vuelve, y

frota su pelaje en señal de triunfo
contra los días venideros

Un humor amargo, irónico, a la vez cáustico y cuestionador, sobrevuela con austeridad la catástrofe de nuestro tiempo en el mensaje intensamente porteño de “la rumana”, como se la conoce por su ascendencia, alcanzando así una certera interlocución universal.
Como el que nos legara el cine mudo de Buster Keaton es un humor serio, incierto pero imperturbable, desconcertante, que nos deja pensando.
El tópico ineludible pero habitualmente vergonzante del éxito o el fracaso del poeta o de la poesía, así como la socorrida contradicción entre las exigencias de lo sustancial del arte poético y la gris realidad, es objeto desde sus inicios de un trato original y desenfadado, una suerte de exorcismo, con la irreverencia, la ambigüedad y el contrastado sesgo irónico que se merece:
 
                       qué haré con el legado
                                      sobresalir             
                                     ser alguien
                       debería intentarlo
                       debería hacer algo
                       ahora no puedo
                       voy a sacar la soda.
 
Tal como afirmara Jorge Boccanera —junto a Diana Bellessi uno de los maestros que tuvieron importancia en su formación— la de Laura Yasan es “una voz descarnada que relata con una dosis de sarcasmo la distancia entre lo vivo y lo marchito, entre el anhelo y lo cumplido”.
Su actitud más bien se acerca, a su juicio, al desafío, a una mirada un tanto cínica —aunque no burlona— como si acaso quisiera “aclarar algunas cuestiones”:
 
                   de esta edad no se vuelve
                   ya no somos artistas promisorias
                   no es hora de ofrecer
                  si el botín es fracaso
                 de esta edad no se vuelve
                 no hay paga por promesas.
 
Especialmente dotada para la elocuencia de un engañoso tono menor desde el que se enuncian y captan mensajes trascendentes, es por esa vía que con frecuencia toca e ilumina temas cruciales sin dejar de moverse en el hilo de un escepticismo extremo, cuya gravedad desacraliza con sobrios toques de desenfado, en un despliegue de amarga ironía sin anestesia.
Su careo con el suicidio es una tenaz indagación de su verdad como desenlace; no se tocan al respecto, sino que se ignoran por irrelevantes, irrisorios dilemas acerca del valor o la cobardía de la instancia.
En los predominantes escenarios netamente urbanos de esta poesía, en las instancias de bar o de departamento, se transita de la acción a la desolación.
Pero es tal vez en poemas como Química orgánica donde late toda la calidad de esta poética: lucidez, cadencia, eufonía, riqueza de imágenes y un desarrollo impecable; aflora entonces el equilibrio, la maestría de la poeta madura.
Nuestro grupo cultural y editorial Floricanto, un emprendimiento realmente autogestivo sin fines de lucro, está de plácemes y se enorgullece de ser vehículo para la aparición de esta obra significativa del quehacer poético de nuestro tiempo.
Eduardo Lucio Molina y Vedia
(enero  2012)

Texto de contratapa por Jorge Boccanera

La vida como un trato siempre violentado por el destino y lo cotidiano como un paisaje de sucesivas traiciones son los ejes de la poesía de Laura Yasan. Ese saldo entre lo pactado y la deslealtad, entre lo entregado y lo perdido. Los muchos modos de contar esa historia están ya inscritos como claves desde los títulos de sus libros: la disputa constante (Cambiar las armas), la comarca salvaje (Loba negra), la épica del desencanto (Cotillón para desesperados), el precio de vivir (Tracción a sangre), la soledad como acoso (La llave Marilyn), las rutinas (“los mastines de la costumbre”, dice la autora) con textura de herrumbre (Ripio).
Lo metafísico aquí es una piedra oscura en el anillo oxidado de lo cotidiano. Y lo cotidiano, transformado en litigio y beligerancia, es la usina de la que surgen imágenes de destrucción: “Dos animales en la misma jaula se reproducen o se matan”; “nadie junta cadáveres con la pala de otro”.
El hablante arma su monólogo exasperado con locuciones populares, aires de canción y apuntes del grotesco, desde un lugar precario: el desacomodo. La sobrevivencia en la gran urbe descansa en el anonimato y el canje: “por dos libras de sangre más la furia/ te dan tres aspirinas y una bala”.
Yasan cruza la respiración de la crónica con imágenes de gran factura urdidas desde lo onírico (“y soñás con un ángel de mercurio/ que te cose los labios con un hilo de fuego”), retomando una y otra vez ese balance que oscila entre el anhelo y el desencuentro: “yo te entregué una joya diminuta/ un zafiro escamado en el cuerpo de un pez/ y lo dejaste/ caer en las cosas que pasan”.
Esta primera antología de Yasan hace justicia a una voz destacada en la poesía argentina de las últimas décadas; un fraseo propio y descarnado en sintonía con el tiempo que le toca vivir.

Jorge Boccanera (enero 2012)

Laura Yasan 2017