La poesía de

Laura Yasan

Libros publicados

pequeñas criaturas de lo incesante

Edit. Zona Borde, 2015

PRESENTACIÓN DEL LIBRO a cargo del poeta RICARDO COSTA

La experiencia Yasan
(a propósito de Pequeñas criaturas de lo incesante)
                                                                  por Ricardo Costa
 
 
todo a su tiempo
a los 15 descubrí el sexo
a los 20  los hombres
a los 30  los hombres mayores
a los 40 a mí
a los 50 la copa de los árboles
                                          
    Este poema bien podría obrar como umbral y, a la vez, como una suerte de síntesis de este nuevo libro de Laura Yasan, Pequeñas criaturas de lo incesante. Incluso el título del poema de marras es de por sí elocuente, respecto de lo que puede interpretarse como gesto de entrega de quien busca compartir un aprendizaje de vida para con sus pares. Hablo de una instancia dialéctica que logra constituirse gracias a la “experiencia Yasan” de contemplar el mundo, de devorarlo gozosa pero conflictivamente a través de las criaturas que la poeta dispone, con el objeto de capitalizar este saber compartido. Porque, ¿qué mortal no quisiera hacer suyo el mundo que habita para que éste le confíe el porqué de su existencia?. O del porqué de ese devenir tirano que consume las horas de una vida que, para su desdicha,  presiente haber sido escrita sin su consentimiento, y que avanza de manera implacable sobre quienes se recluyen a dudar sobre sí mismos.
 Quien recurre a la palabra poética para construir mundos posibles, sabe que deberá apelar a una mezquina fuente temática si lo que pretende es pronunciarse más allá de su existencia material. En ella, ya como tópico predominante, el Tiempo surge como eje perturbador en la obra de Yasan. Instancia crítica que la poeta enfrenta a través del despliegue de sus criaturas, abriendo el juego al animismo de figuras que interactúan mediante una impronta osada y fascinante.
    La poeta no previene a sus lectoras y a sus lectores con retórica edulcorante. Por el contrario y sin atenuantes decorativos, pone en escena un mundo que no duda en mostrarse hostil y desafiante con quien tragó sin masticar flechas perdidas. La dupla mundo-poeta que discurre en las páginas de este libro se confabula para tramar un enunciado provocador. Fundamentalmente para proveer miradas sutiles, respecto de las pérdidas y ganancias que el horizonte de vida va entregándole a esta última. Claro que no sin poner sobre relieve la posibilidad de perder la capacidad de sorpresa para con los avatares del mundo.
Sobre este punto en particular, nos dicen Yasan en la música sin cartas:
perdí el color en lo incesante
ese perro entrenado para morder
los talones del tiempo     sin lastimarlo
 
O bien en gato a las finas hierbas :
                                                  no sufras
                                                  los colores se deslucen con el sol
                                                  y al final de la noche todo cuelga
                                                 de la misma soga
 
    Las criaturas que fustiga Laura Yasan alternan a gusto el arrebato más expuesto, como así la caída más desafortunada. Necesitan hacer fondo blanco y consumir una damajuana de rivotril  para atacar los talones de Kronos. Despiadadas Erinias que tragan la carne del poeta. Se vuelven carne de pétalo en la lengua de un pez. Besan árboles en la boca. Ofrecen a cristo en la silla eléctrica. Son la chica de la cornisa / la loca de los cuchillos. Y al mismo tiempo, pregunta, ¿el banquete y el hambre; el bárbaro y la pobrecita?  Y ya de forma lapidaria, son estas las criaturas que sentencian que en este mismo instante mil millones de células /murieron en tu cuerpo. Pero también son estas mismas perversas las que abren el juego para que la figura masculina intervenga y sea partícipe de una contienda crítica (no criticona) de lo que acontece en el “paisaje” Yasan: un sujeto que emerge cómplice de este universo conflictivo; el que no tiene previsto, por el momento, conciliar una tregua con quien arroja al ruedo a sus pequeñas criaturas. De hecho, la figura masculina en cuestión es convocada  y deseada por la poeta, quien no teme cabalgar a su encuentro en el vértigo de lo incesante.
   Ahora bien. En este contrapunto de opuestos-complementarios, la figura masculina es detonante de frustraciones y, con todo, objeto de una nueva búsqueda. Pero la poeta loba, la yegua que adora los momentos así, es rica en experiencia y sabia en estrategias de caza furtiva. La poeta loba sabe elegir su presa ceremonial. Le impone condiciones. Prefiere sentenciarla con rigor, antes que arriesgarse al embate agónico de la ambigüedad. La poeta loba exige y seduce con el corte del riesgo. Cito:
 
homo sapiens
 
en las instalaciones de mi ignorancia
cabe un congreso de neurocirujanos
el torneo apertura  de la copa del mundo
tres cuadrillas de obreros
varias especies en extinción
y dos modelos anoréxicas
                                               te aviso antes que abras
tu libreta de datos inútiles
para seducirme
 
   Así, estas pequeñas criaturas exponen hombres estampados en el sillón; hombres que no dejan pasar el filo de los años. Y, desde ya, hombres que saben que son tan huérfanos como todos los hombres.
   En cuanto a los intensos matices que trama el discurso lírico de Yasan, coincido con las brillantes palabras que el  poeta peruano Eduardo Chirinos ha plasmado en la contratapa de este libro, quien citando a Marie Balmary y a Walt Whitman, respectivamente, escribe “Hay frases que son verdad, porque al final de la frase hay alguien. De manera  que esto no es un libro; quien toca esto toca a una mujer.
  Pequeñas criaturas de lo incesante abona la identidad de una voz que hurga de manera punzante en la escritura de Laura Yasan. Justamente, apremia sobre la presencia de ese alguien que aguarda al pie de cada texto y que necesita ser tocado por quien se lanza a indagar su mundo.
    Encontrarse con este universo poético que conjuga la autora es saberse cómplice de una invitación a explorar los bordes de un abismo deseado. Probar la lengua de esta loba es como sostenerse a ciegas sobre el vértice de una pirámide; la que encumbra la experiencia Yasan, pero con los sentidos alterados. Y una vez allí, a solas, saboreando la orfandad que depara toda prueba de altura, comprobar que el equilibrio puede ser una burda convención que bien vale la pena dejar de lado cuando la aventura de lo incesante lo merece.
 
 
                                                         R. C  / Neuquén, marzo 2015
                                                                              
 
 
 
[1] Pavel, Thomas (1995). Mundos de ficción, Venezuela, Monte Avila Editores Latinoamericana. 
 

la música sin cartas


 
perdí el color en lo incesante
ese perro entrenado para morder
los talones del tiempo     sin lastimarlo
 
perdí la humanidad
me jugué hasta la música sin cartas
tragué sin masticar flechas perdidas
nació una rosa negra y la dejé
morir como a las otras
pequeñas criaturas de lo incesante
lobas en cautiverio
 
yo misma me perdí en la sinrazón
me aturdía ese piano desafinado
en la raíz de la neuralgia
esa descarga repetida que llora día y noche
como un hijo del mundo
que nadie atiende
 
 
 

crepuscular

llega la víspera del día después
sobre el potro de la nostalgia
como un narcótico expandiéndose
por el flujo del sábado
 
tan delicado
tan incorpóreo
 
somos analfabetos en el crepúsculo
esa franja violácea
donde se incuban las ganas de gritar
por las calles de la inclemencia
 
y el cielo cuelga sobre los hospitales
como un traje que nadie se atreve a vestir
envuelve las terrazas
apaga los presidios
 
es el instante más largo que se conoce
en la saliva del universo
 
luego el tiempo vuelve a crujir
y un pájaro es tragado
por las turbinas de la noche
 

gato a las finas hierbas

a las 10 la pastilla de sentir
algo      mejor
el esmalte de la sonrisa
la pasta
ayuda
usar desodorante perlas de nacar
25 horas garantizadas
sin oler como un camionero
bueno
un poco
tomar rejuvenece
no olvides tomar agua baldes de agua
a media tarde
comprimidos de no enloquecer
cuando pasa el trencito de la alegría 
con tres tristes niños y un pato gigante semidesnudo
 
sólo 15 minutos de TV
la vida afuera no es para vos
hay violadores sueltos
billetes falsos
trenes que descarrilan
 
colgá  fotos del face
hacete amigos en el acto
ganate un toque
ese me gusta arriba
abajo
ponete un color que levante
las chalinas disimulan la edad
aliméntate bien
hay papa con sabor a loquequieras
gato a las finas hierbas
 
no olvides la píldora de las 4
vitaminas para sentirte
menos    peor
a las 7 el piyama de frisa
la placa dental
te clavás dos pastillas de conducir
el coma
las medias de descanso
el antifaz de terciopelo
 
no sufras
los colores se deslucen con el sol
y al final de la noche todo cuelga
de la misma soga
 

fondo blanco

necesito unos guantes de hule
necesito unos tragos
 
para abrir los cajones que nadie ocupa
encontrar esa herencia de lapiceras que no sirven
ese reloj parado
barato
que nadie se anima a tirar
 
necesito hacer fondo blanco
tener un estómago a prueba de morgue
un hígado embalsamado
 
para abrir ese féretro carcomido
donde guardaba la ropa interior
más diminuta
esa idea confusa de la intimidad
entre seres carnívoros
 
necesito una damajuna de rivotril
una vesícula de acero quirúrgico
 
para vaciarlos en una bolsa negra
y sacarla del dormitorio con los dientes
de la mujer que fui
 

san perro callejero

no me dejes caer a rubia teñida
ni me condenes a integrar eternamente
el coro menopáusico de esta mujer
no me arrojes con las muñecas rotas
en el túnel de la gorda aburrida
te prometo huesitos san perro callejero
no me dejes caer
por su casa
ese país en toque de queda
donde tengo pedida la captura
y un número tallado en el corral
no me dejes caer a virgencita de repisa
ni a señora entendida en el arte
de negar los colores de su edad
no me dejes caer san perro de la calle
en los brazos de un hombre con corbata
prefiero ser la amante del carnicero
viajar toda la vida en transporte público
te prometo los cortes más tiernos
la carne más jugosa
no me dejés caer
seré tu perra
amen
 

yo no cuento ovejitas para dormir

pienso en poemas atropellados por un camión
en la ruta más larga del mundo
con su hilera de álamos a cada lado
hombres armados en todos los canales
dinero reventado en cajones
pienso en la lírica
esa ballena muriendo de sed
soprano asmática
pienso en mí como un huésped
que se quedó a vivir en la voluntad
una extraña que practica el idioma
con muñecas de estopa y tacitas de porcelana
pienso en el cuerpo de las palabras
esparcido sobre el asfalto
todo se va cubriendo de un chicle algodonoso
 
licuado
 
aislante
 

la boca del árbol

no se puede besar un árbol en la boca
hay que tomarlo entre los brazos
pegar el pecho a su corteza
y lamerlo
lamerlo hasta sangrar
hasta sentir que el árbol
te roza el corazón con su llamado
va a contarte el secreto
a devolverte el beso con quietud
con leve indiferencia
él sabe que te vas
que es imposible
la vida con un árbol
 
 
 
 

la última moneda

así como el amor elige a los más débiles
para arrojar sus desperdicios
los mendigos eligen esas bocas
para besar
 
nada es tan puro
 
el hambre de la muerte
tiene una dentadura gigantesca
y sólo encuentra insectos en la oscuridad
pequeñas criaturas que arrojaron
la última moneda sin usar
 
nada es tan blando
 
debajo de la almohada
crece un nido de alambres
y el féretro del mundo
no deja de gritar que se tu hora se acerca
 
nada es seguro
 
cada vez que acaricio la tersura
de la verdad
mis dedos sangran
 
 
 

Laura Yasan 2017